Fiesta de Interés Turístico Local

La Fiesta de la Reserva

Fin de semana más cercano al 14 de febrero

Recreación histórica y paella gigante.

Terminamos nuestro viaje en Quesa, un pueblo abrazado por montañas imponentes y famoso por sus charcos naturales de aguas turquesas y cristalinas. Aunque en agosto celebran sus coloridas fiestas de Moros y Cristianos, su festividad más profunda, única y emocionante se vive a mitad de invierno: la Fiesta de la Reserva, que se celebra el fin de semana más cercano al 14 de febrero. Esta celebración, declarada Fiesta de Interés Turístico Local, no nació para honrar a un santo, sino para recordar un conmovedor pedazo de su propia historia

El origen: Un pueblo fantasma y una sola familia superviviente

Para entender esta fiesta hay que viajar en el tiempo hasta el año 1690. Una terrible epidemia de peste asoló la comarca y golpeó con tanta crueldad a Quesa que acabó con la vida de casi todos sus habitantes. Solo sobrevivió una familia: los García. [1, 2]
En lugar de huir o cerrarse en banda, la familia García demostró una generosidad inmensa. Hicieron un llamamiento a los pueblos vecinos para repoblar Quesa, ofreciendo sus propias tierras, abriendo las puertas de sus casas y alimentando a los nuevos colonos que llegaban exhaustos. La Fiesta de la Reserva es, desde hace más de tres siglos, el homenaje de un pueblo agradecido a la solidaridad que evitó su desaparición.

Consejo para el viajero

La Fiesta de la Reserva es un plan de fin de semana perfecto si buscas combinar historia, gastronomía y naturaleza. Te aconsejo llegar temprano el domingo para coger un buen sitio, pasear por el mercado medieval y disfrutar del ambiente antes del reparto de paella. Después de comer, aprovecha la tarde para hacer la ruta corta hacia Los Charcos de Quesa, un paraje natural espectacular con pozas de agua encajonadas entre paredes de roca. ¡Una escapada de diez!

Recreación histórica y una paella gigante para todos

Durante todo el fin de semana, Quesa retrocede al siglo XVII. Los vecinos se visten con trajes de época y las calles del casco antiguo se engalanan con un precioso mercado medieval lleno de puestos de artesanía, música tradicional y exhibiciones de antiguos oficios. El acto central es una emotiva recreación histórica que revive el momento en que los nuevos habitantes llegaron al pueblo.
Fieles al espíritu de los García, el Ayuntamiento y los vecinos mantienen viva la tradición de alimentar al visitante. El domingo se cocina una monumental paella gigante a leña, y se realiza un reparto masivo y gratuito de raciones de paella y pan bendito para todas las personas que acudan al pueblo, ya sean vecinos o turistas.
 

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