Fiesta de Interés Turístico Local

La Emotiva Subida a la Ermita

3 al 12 de octubre

Procesión de Subida a la Ermita

Nos adentramos en Navarrés, el corazón geográfico que da nombre a la comarca. Rodeado de parajes naturales de agua tan impresionantes como los Chorradores o la Playamonte, este municipio celebra sus Fiestas Patronales del 3 al 12 de octubre en honor al Santísimo Cristo de la Salud y a la Virgen del Remedio. Esta celebración, declarada Fiesta de Interés Turístico Local, combina a la perfección los días de bullicio, ferias y grandes espectáculos con una de las noches más mágicas, silenciosas y sobrecogedoras de todo el año valenciano.

La noche de las velas: Una procesión mágica en la penumbra

Aunque el calendario festivo está lleno de mascletás, conciertos, parques infantiles y desfiles de disfraces, hay un acto que destaca por encima de todos por su profunda emotividad: la Procesión de Subida a la Ermita.
Al caer la noche, el casco urbano de Navarrés se transforma por completo. El alumbrado público se apaga por completo, dejando al pueblo sumido en una penumbra expectante. Es entonces cuando miles de vecinos encienden sus velas y cirios, creando un río de luz parpadeante que serpentea por las calles empinadas.
A hombros de los portadores, la imagen del Cristo de la Salud inicia su ascenso hacia la ermita, situada en lo alto de un cerro que corona el municipio. El avance se realiza en un respetuoso y sepulcral silencio, roto únicamente por los solemnes acordes de la banda de música y el rítmico caminar de la multitud.

Consejo para el viajero

Las fiestas de Navarrés se celebran en octubre, una época perfecta porque el clima es mucho más suave y agradable para caminar. Si vas a asistir a la procesión de subida, te recomiendo llevar calzado cómodo (la cuesta de la ermita es empinada) y algo de ropa de abrigo fina, ya que al refrescar la noche y subir al cerro suele correr brisa. Por el día, aprovecha para hacer la ruta de Los Chorradores de Navarrés, un sendero precioso lleno de cascadas y frondosa vegetación que en otoño está en su máximo esplendor.

El estallido de luz en la cima

La llegada a la cima del cerro es el clímax de la noche. Cuando el Cristo alcanza la explanada de la ermita, el silencio contenido se rompe con el repique ensordecedor de las campanas y el inicio de un espectacular castillo de fuegos artificiales. El contraste entre la oscuridad del monte iluminado solo por las velas y los colores brillantes estallando en el cielo nocturno crea una estampa visual que pone la piel de gallina a cualquiera, sea o no religioso.

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