Viajar a Montesa es hacer un viaje directo al corazón de la Edad Media. Este pueblo, colgado de la ladera de la montaña y coronado por las imponentes e históricas ruinas de su castillo —que fue el centro neurálgico y sacro de la mismísima Orden de Montesa—, celebra sus días grandes durante la primera semana de septiembre. Sus Fiestas Patronales, dedicadas a la Virgen del Castillo y al Santísimo Cristo del Calvario, son el reflejo perfecto de un pueblo que sabe combinar el orgullo por su pasado medieval, el estallido de los desfiles y unas noches de convivencia comunitaria únicas en la comarca
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