El Pont Vell es uno de los monumentos más representativos de Ontinyent y una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. Construido a comienzos del siglo XVI para salvar el cauce del río Clariano, ha sido durante más de quinientos años el principal acceso al casco histórico y un elemento fundamental en el desarrollo de Ontinyent.
Hoy, convertido en un puente peatonal, es un lugar perfecto para pasear, contemplar el río y descubrir el patrimonio histórico que rodea la Vila, el barrio medieval de la ciudad.
El Pont Vell fue construido entre los años 1500 y 1501 por los maestros de obra Pere Ribera y Joan Montanyés. Su construcción respondió a la necesidad de disponer de un paso sólido sobre el río Clariano que comunicara la Vila con los arrabales que comenzaban a crecer al otro lado del cauce.
A lo largo de los siglos ha soportado numerosas riadas e inundaciones, convirtiéndose en un auténtico símbolo de resistencia para los vecinos de Ontinyent. Gracias a su cuidada construcción en piedra ha llegado hasta nuestros días conservando prácticamente su aspecto original.
El puente está construido íntegramente en piedra y presenta dos grandes arcos de medio punto apoyados sobre un robusto pilar central.
Uno de sus elementos más llamativos es el tajamar en forma de quilla situado en el pilar central, diseñado para romper la fuerza de la corriente durante las crecidas del río Clariano y proteger la estructura. Esta solución permitió que el puente resistiera importantes avenidas de agua a lo largo de su historia.
Su sencillez y elegancia lo convierten en una de las obras de ingeniería histórica más importantes de la Vall d’Albaida.
El entorno del Pont Vell ha experimentado una importante recuperación patrimonial y paisajística en los últimos años.
Desde el puente se disfrutan magníficas vistas del río Clariano, de los antiguos molinos, de las chimeneas industriales y de las zonas verdes que acompañan el cauce. Todo ello forma uno de los paseos urbanos más agradables de Ontinyent y un excelente lugar para realizar fotografías.
El Pont Vell puede visitarse en cualquier momento del día, aunque las primeras horas de la mañana y el atardecer ofrecen una luz especialmente bonita para disfrutar del paisaje y hacer fotografías.
Una buena opción es combinar el paseo con la visita al barrio de la Vila, la iglesia de Santa María y los jardines junto al río Clariano.